Principio 1. Respeta los Ciclos y Ritmos Naturales de las Abejas.
La abeja es por mucho más antigua que el hombre. Durante cientos de miles de años ha capeado incontables cambios climáticos y desastres naturales, transformándose en uno de los seres más y mejor evolucionados de nuestro planeta; no es para menos, pues su rol en este gran organismo vivo que llamamos tierra, es mantener la vida. Nuestras pequeñas amigas han visto nacer y morir muchas especies. ¡Qué manera de comunicarse, de danzar, de organizarse y sobrevivir! Es pues, bastante sintomático de nuestro antropocentrismo pretender que podemos intervenir en sus ciclos y ritmos naturales, resultado de millones de años de evolución, para “mejorarlos” y “hacerlos más productivos”; esta es la mentalidad que nos ha llevado a destruir nuestro planeta, y cosa no menor, hemos transformado a estas guerreras impecables en seres cada vez más débiles y dependientes de nuestros precarios manejos. Tanto así que una colmena moderna no es capaz de sobrevivir un año si no le suministramos los químicos de rigor… algo así como lo que pretende hacer con los seres humanos la industria farmacéutica, o lo que con las semillas (¡qué brutal falta de amor!) hace Monsanto y compañía.
Pero no nos escapemos del tema. Así como debemos recuperar nuestros propios ciclos dejando de buscar la inmortalidad, así como las semillas deben recuperar su vigor y resistencia perdidas en los últimos cincuenta años, nosotros, apicultores y futuros apicultores naturales, debemos lograr que las abejas recuperen su fortaleza primitiva y dejen de depender de nuestra intervención constante. Para esto, el primer paso (dentro del marco general que es dejar de hacer, el no-hacer del maestro Fukuoka) es reconocer y respetar los ciclos naturales de las abejas, no intervenirlos desesperados tratando de obtener una mejor cosecha. Las abejas tienen sus propios tiempos, ellas mismas nos dicen cuándo es el momento de reproducir a las familias, a través de la Fiebre del Enjambre, la mayor demostración de energía vital que se nos ha dado el privilegio de atestiguar; nada causará más daño a las familias que nuclearlas (dividirlas) antes de tiempo, debiendo alimentar y estimular una familia débil o ¡después de tiempo!, cuando la energía de la colmena está enfocada en el descenso y no en el crecimiento; tales actos, basados en la codicia, son del todo contraproducentes.
Del mismo modo, si estamos atentos, siempre será la propia colmena la que nos dirá cuál es el momento de alzar la familia o de reducir los espacios. A través de la observación, al cabo de un par de temporadas, podremos ser capaces de identificar sus ritmos y ciclos, y respetarlos. Entonces, estaremos en condiciones de practicar una apicultura natural, donde el trabajo consiste en estar atentos para intervenir sólo en el momento oportuno. Huelga decir que en principio resulta complejo, pues por lo general comenzamos nuestros apiarios con abejas compradas a empresas que no escatiman en gastos a la hora de rociar a nuestras amigas con químicos, hacinarlas en hileras interminables de colmenas, y dividirlas en los momentos más inoportunos; debemos tomar esas familias y permitirles que recuperen su memoria ancestral.
Principio 2. Integra a las Abejas al ecosistema armónicamente.
Este principio tiene que ver con la disposición de las colmenas en una zona determinada; es del todo antinatural y contraproducente colapsar un sitio instalando gran cantidad de colmenas. Hacerlo equivaldrá a saturar el lugar y nos obligará a gastar gran cantidad de energía y alimento para mantener vivas a las familias. Por otro lado, el sistema tenderá a estabilizarse mediante la muerte de colmenas por enfermedades y hambruna. Siempre podemos mejorar la capacidad de carga de un lugar, plantando bosque melífero o plantas menores como forraje para abejas, pero debemos considerar también que las abejas en estado natural no tienden a vivir en “condominios”, sino bastante separadas unas de otras. Al saturar un espacio pequeño con muchas colmenas, necesariamente estaremos propiciando la aparición de estrés en las abejas, estrés que se manifiesta en conductas como el pillaje o en la aparición de enfermedades.
Así pues, antes de escoger la cantidad de colmenas que ubicaremos en el campo, y antes de decidir la ubicación de las mismas, es necesario tomarnos el tiempo de observar el lugar; ¿Qué flora melífera hay? ¿En qué cantidad? ¿Hay agua suficiente y de manera constante? ¿Cuál es el recorrido del sol? ¿Por dónde corren los vientos dominantes? ¿Qué pasa con la luz y la sombra? Una vez hechas estas observaciones, dispondremos de las colmenas en el terreno, y observaremos siempre su comportamiento con respecto al lugar. Es muy importante además, tener en cuenta los predios vecinos. Una abeja vuela sin problemas en un radio de tres kilómetros, incluso cuatro de ser necesario. Un zángano llegará a volar cinco kilómetros; así que resulta muy importante conocer la realidad de los predios que se encuentran dentro de ese radio: plantaciones agrícolas sometidas a agroquímicos, fuentes de contaminación, disponibilidad de alimento para las abejas, agua, etc.
Si en el campo cuento con animales menores o mayores, debemos incorporar un cerco que mantenga a las abejas a salvo de los animales que pueden voltear los cajones y a los animales a salvo de las abejas que al sentirse agredidas pueden atacar al ganado; si bien esto es poco frecuente, puede suceder. En relación a las personas o al hogar, en un buen diseño las abejas siempre quedarán bien en una zona 2, lo suficientemente cerca para tenerlas siempre a la vista, y lo suficientemente lejos para no pasar a cada rato frente a las colmenas, molestando el vuelo de las pecoreadoras y arriesgándose a una que otra picadura.
Principio 3. No hagas a tus abejas dependientes de productos químicos.
Principio del todo imprescindible y que debiera practicarse en toda la Apicultura. Es a los productos químicos y su uso insensato e indiscriminado por parte de los apicultores que debemos el estado de debilidad y dependencia en que se encuentran hoy nuestras abejas. La contaminación de las mieles y la cera es en realidad un efecto secundario; el principal es hacer a una especie tan importante adicta a estos productos, lo que la ha llevado a una debilidad sin precedentes: hoy por hoy, no son capaces de sobrevivir sin estos productos, principalmente debido a un gran enemigo: la varroa. Curiosamente, este pequeño ácaro ha ido creciendo en agresividad y poder de destrucción gracias a los químicos que aplicamos a las abejas. Entonces, cada cierto tiempo, los laboratorios inventan nuevas fórmulas (y nuevos “períodos de carencia”) y nosotros vamos, los compramos y aplicamos, ingresando de este modo a un círculo vicioso del que sólo saldremos cuando los laboratorios no tengan respuesta, tal como sucede hoy en América del Norte. Pero hay buenas noticias: existen productos de base orgánica, y en último término, podemos acercarnos a dejar de depender de cualquier tipo de producto comercial. No se trata de dejarlas de la noche a la mañana sin los tratamientos de los que son adictas; debe hacerse de manera paulatina y rigurosa, siempre de forma muy atenta. Fukuoka relata una de sus primeras experiencias de juventud: se hizo cargo del huerto frutal familiar y, fiel a sus principios, evitó cualquier tipo de intervención y no podó los árboles; el resultado fue desastroso: el huerto se secó. Fukuoka aprendió la lección por nosotros, así que no debemos caer en ese error. Si lo hacemos, tengan por seguro de que al rato se quedarán con dos colmenas de cincuenta, con suerte. Claro que si tienen tiempo y recursos será interesante reiniciar el trabajo a partir de esas colmenas que han demostrado tan admirable resistencia… pero la idea no es sacrificar abejas, sino iniciar un proceso de transición que nos permita practicar una apicultura natural con abejas independientes de nosotros, a las que manipulamos rara vez, siempre respetando sus ritmos y ciclos; de este modo viviremos en armonía con nuestras abejas, y produciremos mieles absolutamente sanas, producidas sin estrés, explotación o contaminación química de por medio.
Principio 4. Observa e Interactúa.
Se trata de un patrón constante de conducta, absolutamente necesario para desarrollar la Apicultura; en realidad, todos los principios de la Apicultura Natural encuentran aquí su cabida. La observación permanente de nuestras colmenas será la que nos dé la pauta de qué hacer, y cuándo. Hace falta acumular experiencia para ser capaces de “leer” una colmena al abrirla y mirar su población; la verdad es que transcurrido un tiempo, esta habilidad se desarrolla y nos evitaremos el trabajo (y la molestia a las abejas) de levantar marco por marco salvo cuando estemos buscando algo específico, postura o signos de enfermedades, por ejemplo. Pero no se trata sólo de observar lo que ocurre al interior de la colmena sino también qué es lo que pasa afuera. Escuchar, ver su comportamiento en la piquera, observar bajo la colmena señales de enfermedad o mortandad, ver hacia donde vuelan, a qué hora se levantan, qué manejos producen los mejores resultados. Estar atento a todas estas variables, y actuar en consecuencia (“interactuar” con las abejas) en una especie de danza, en que cada uno de los bailarines responde a los movimientos del otro. De esto ha de tratarse la apicultura, y no de imponer nada en base a la codicia. Si tomamos este principio como conducta constante, al poco tiempo lograremos interiorizarnos con los procesos de la colmena, y trabajar en armonía con ellas. Principio elemental de la permacultura y de todo sistema de diseño y manejo que nos involucre con la tierra, se trata de descubrir los patrones de funcionamiento de la propia naturaleza para replicarlos en nuestras intervenciones.
Principio 5. Obtén un rendimiento, pero sé equilibrado en las cosechas.
Debería ser de sentido común dejarle alimento suficiente a las abejas para que pasen el invierno sin problemas, pero lamentablemente en la Apicultura tradicional no lo es. Son cientos, tal vez miles las colmenas que mueren de hambre durante los meses fríos debido a que los apicultores no les dejan miel suficiente. También los hay quienes les extraen toda la miel y las alimentan en base a fructosa, azúcar u otras mezclas durante el invierno… ¿qué obtienen con esto? ¡Abejas absolutamente debilitadas! Miel y polen son sus alimentos naturales, poseen enormes propiedades alimenticias y medicinales… resulta un acto propio de la más absoluta falta de juicio pretender equiparar a la miel al jarabe de maíz transgénico y levadura de cerveza. Nuevamente, el juicio entorpecido por la codicia nos hará a la larga, perder. Nosotros jamás cosechamos la cámara de cría, y de todos modos dejamos al menos 10 a 12 kilos de miel en el alza, que durante el otoño nos encargamos de bajar al nido.
No olvidemos que las abejas no hibernan. Su proceso se denomina “invernada” en la Apicultura y se refiere a un período de latencia en que la actividad, la población y la postura de la reina disminuyen considerablemente, pero la familia no duerme; requiere de una gran cantidad de energía para mantener la temperatura de la colmena en torno a los 33 a 35º de temperatura… y esa energía la obtienen del alimento que han almacenado durante la primavera y parte del verano. Durante el invierno no obtienen alimento del ambiente, y aunque hubiera flores, la temperatura no es suficiente para que éstas liberen el néctar, materia prima de la miel. También la primavera temprana es una época tremendamente delicada. Florecen algunas especies, las abejas acarrean alimento a la colmena, la reina comienza su postura; hay nueva cría que alimentar, y de pronto, una semana de mal tiempo puede desatar una hambruna de consecuencias fatales. Por eso es fundamental dejar de pensar tanto en el bolsillo y ponerse en el lugar de las pequeñas a quienes tenemos la misión de cuidar. Es necesario obtener un rendimiento por nuestro trabajo, pero no repliquemos en nuestro mundo los tristes esquemas de la sociedad industrial.
Principio 6. Sé justo en el comercio. Privilegia a tu comunidad
Principio ético sumamente importante para construir nuestras nuevas economías, basadas en la producción limpia y natural, la solidaridad y el comercio justo. No es correcto que todos los productos que elaboramos de manera limpia u orgánica sean destinados para el consumo de europeos o norteamericanos, mientras nuestras comunidades se alimentan de los desechos o de alimentos contaminados. Tampoco es correcto alimentar el negocio de las certificadoras orgánicas que cobran un dineral por un sello no siempre bien puesto y que excluye a los pequeños productores; nuevamente, estas certificadoras están orientadas hacia la exportación. Podemos producir todos nuestros alimentos localmente, venderlos e intercambiarlos (a precios justos) a nivel de microeconomía, siendo el conocernos todos la mejor forma de estar certificado. Ser prosumidores (productores y consumidores) responsables, no contribuir a la especulación financiera que siembra el hambre en el mundo y a la liberación de CO2 al ambiente al agregar a nuestros productos el costo del petróleo adicional por el traslado de conteiner al otro lado del planeta. Durante la crisis argentina miles de personas sufrieron hambre y desnutrición en ese país; mientras sus habitantes morían de inanición en sus casas y calles, Argentina producía comida para 300 millones de personas. Está en nuestras manos no caer en esa trampa.
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Los felicito, ese es el camino, no hay otro: El respeto y el amor por nuestras amadas abejas.
Los invito a visitar mi página, donde se habla del método que he creado de PermApicultura basado, como el de ustedes, en la filosofía del No-Hacer de mi amado maestro Masanobu Fukuoka.
http://www.permapicultura.com
Oscar Perone
oscarperone@gmail.com
Hola Oscar, muchas gracias. Podemos diferir en la técnica, pero como bien dices, lo importante es que la guía de nuestros métodos es el respeto por las abejas y sus ciclos naturales… por lo tanto, va de vuelta un abrazo y las felicitaciones por tu trabajo.
Emanuel Canales